miércoles, 23 de marzo de 2016



     He aquí uno de los Ray Bradbury más poéticos.  Something Wicked This Way Comes, publicada por Simon & Schuster en Nueva York, en 1962, es una composición de relatos donde el narrador captura el ambiente, la atmósfera y la brisa del comienzo del otoño y de las demás estaciones de la vida, tanto literalmente como metafóricamente.  La novela muestra el amor de Bradbury por la palabra, o por las palabras, en plural, con todos sus sentidos y en todas sus más diversas manifestaciones. Es así como Bradbury consigue crear un prolongado y sedimentado cuento sobre dos chicos de trece años durante los días de celebración del carnaval en su pueblo. Los dos están en el límite de la niñez y la madurez, deseosos de hacerse mayores, de llegar a ser alguien y de hacer algo importante en y con sus vidas. 
     El cambio se respira en el ambiente, en el viento que, procedente de la exuberante naturaleza del entorno, recorre el pueblo. Muchas cosas están a punto de acontecer y de transformar el pueblo y sus apacibles gentes. El barbero del pueblo enferma, y un cartel anuncia la llegada de un carnaval al pueblo. Los chicos salen a hurtadillas de sus dormitorios para verlo llegar, y con una mezcla de fascinación y miedo lo ven instalarse. El peligro se cierne sobre todos; pero ¿qué tipo de peligro?: ¿el peligro de madurar?; ¿el peligro del miedo?; ¿o el peligro del mal? El lenguaje es mágico y evocador, un homenaje a la metáfora: "Hubo un año en que Halloween llegó el 24 de octubre, tres horas después de la media noche ... Ambos tenían casi catorce, casi tembló en sus manos". 
     Los capítulos son breves, y en su brevedad bien podríamos creer estar leyendo poesía en estado puro. Los personajes, todos sin excepción, resumen y albergan la complejidad de la vida: "Jim permaneció como un corredor que acaba de llegar de una larga carrera, con la lengua fuera y las manos abiertas para recibir cualquier premio". Sorprende sobremanera que un libro publicado en 1962 siga aguantando el paso del tiempo con tal entereza. Los pensamientos sobre el sentido de la vida, la edad, el miedo o los miedos, siguen siendo vigentes hoy día. No es simplemente una colección de relatos de terror, tampoco lo que algunos denominan una "dark fantasy" ('fantasía oscura') es mucho más, una combinación perfecta de horror, misterio y fantasía,  ideal para incurables románticos de nuestro tiempo. 

lunes, 1 de febrero de 2016


El título de esta  obra, publicada en 1955, lo toma esta vez Ray Bradbury del célebre poema homónimo "I Sing the Body Electric", de Walt Whitman.Esta colección de relatos analiza las complejas relaciones entre padres e hijos. Ray Bradbury presenta el enfoque desde el paradigma de la ciencia ficción: ¿Sería posible que los niños fueran criados y educados por robots? Es posible que en un futuro más o menos próximo (más bien más que menos) así sea, "amén".  
Mi impresión es que, además de ser posible, nos guste o no -al margen de ser o no padres o madres-, es sólo cuestión de tiempo y al ritmo que avanza la ciencia y nuestra era digital, será sólo cuestión de una o dos décadas como mucho.      Conjeturas al margen, y volviendo a los relatos de Bradbury, en uno de los relatos de la novela, la madre de unos niños fallece y el padre se hace con los servicios de una abuela robot para reemplazar a la madre. ¿Qué pasa durante la historia y adónde nos lleva la conclusión? Esta será la misión del lector y lectora para que extraiga su propia opinión después de leer toda esta apasionante y trepidante selección de bellísimos, fantasiosos e imaginativos cuentos donde: una madre da a luz a una misteriosa pirámide azul; un hombre puede hacer resucitar y traer de la tumba al mismísimo Abraham Lincoln; un viejo loro, tras mucho entrenamiento y aprendizaje, es capaz de imitar la voz de Ernest Hemingway; un cura de Marte se enfrenta a su gran sueño: el encuentro con el Mesías; y otras tantas seguramente tan delectables para el lector. Todas estas magníficas recreaciones nos dicen algo acerca de nuestra "humanidad" y de nuestros comunes, individuales y globales destinos. Es un viaje literario impredecible y memorable, que tiene como coda un bellísimo poema: "Christus Apolo", tal vez porque Bradbury apuesta por un mesías marciano, galáctico, aunque nacido en la Tierra.


jueves, 24 de diciembre de 2015

     Una familia compuesta por tres miembros se prepara para viajar al espacio. La madre y el padre ya han viajado antes; pero se trata del primer viaje del hijo. Se disponen a abandonar la Tierra un día como hoy, 24 de diciembre, pero del año 2052, el día antes de Navidad. Quieren pasar el día de Navidad juntos con un árbol de Navidad y velas; pero en la aduana les son requisados. Entran en el cohete y este despega hacia Marte cruzando la oscuridad espacial. El niño está ilusionado con la Navidad toda la noche y al final, cuando su reloj marca las 12 de la media noche, les pregunta a sus padres por el regalo de Navidad y el árbol con las velas y adornos. Estos se ponen de acuerdo y lo llevan hacia la puerta de entrada a una enorme cabina. El padre entonces marca el código y la puerta se abre, y entonces pasan. Delante de ellos hay un enorme ojo de buey, una ventana de un metro y medio de alta por dos metros de ancha. El ojo de buey mostraba la vasta inmensidad espacial. 
 -Feliz Navidad, hijo mío —dijo el padre.
    El niño miró fijamente la profundidad espacial, dirigiendo la mirada a las estrellas que se asemejaban a 10 billones de velas navideñas. Este era el regalo de Navidad, desde el espacio infinito. 
    Uno podría pensar que Ray Bradbury es una especie de Isaac Asimov, pero no nos engañemos, tras la lectura de relatos como este advertimos la vasta diferencia y distancia sideral entre estos dos grandes autores, pese a que en ocasiones ambos compartan un "mensaje" de ciencia ficción. Bradbury es un fabulador de la ciencia ficción y/o de la fantasía, mientras que Asimov es un escritor de ideas dentro de la ciencia ficción. 
     Este cuento aparece en la colección de relato corto R is For Rocket, de 1962. De esta colección podemos destacar esencialmente la poesía de las descripciones, así como la amplitud de temas y de estilos literarios que el creador maneja y dirige en sus figurativos retratos. Este cuento, "El regalo", es sin duda uno de los mejores "aguinaldos" que Ray Bradbury nos deja, a niños, jóvenes y mayores,  por Navidad. 



sábado, 21 de noviembre de 2015

LAS CRÓNICAS MARCIANAS: LA COLONIZACIÓN DE MARTE

     Desde «El verano del cohete» hasta «El picnic de un millón de años», estos relatos bradburianos sobre  la colonización de Marte son un sofisticado y armónico engranaje de pasados y futuros. El título, publicado en 1950, suele ser erróneamente incluido en el género de ciencia ficción, cuando en realidad nada tiene que ver con el género, pues nos encontramos con un clarísimo exponente de literatura fantástica, tal y como el propio Ray Bradbury declarase, hasta la saciedad, en numerosas entrevistas para desmarcar esta y otras obras suyas de su novela Fahrenheit 451: «La única novela que he escrito de ciencia ficción es Fahrenheit 451».       

   Prueba de esta pertenencia a la literatura fantástica es el hecho de que todos estos relatos  están bañados de una profunda nostalgia, de oscuros porches donde las tintineantes jarras de fresca limonada ponen el sabor, el aroma y hasta el sonido ambiental, de los viejos relojes de los abuelos, y de niños correteando por los verdes prados de un hermoso pasado en la Tierra. Echar de menos todas esas deleitosas vivencias del pasado representa un tremendo peligro para los humanos ya instalados en el Planeta Rojo; pero también para los marcianos de dorados ojos. En  el futuro 1999 -para nosotros ya un pasado- una expedición tras otra de humanos va abandonando la Tierra para adentrarse en Marte, planeta que empieza a ser colonizado con parecida voracidad a la del Nuevo Mundo tras el descubrimiento de América, aunque con un enfoque más próximo a la conquista del lejano oeste norteamericano, con los innumerables conflictos entre los nativos y los nuevos colonos. 
     Los marcianos saben preservar y mantener en secreto todos sus misterios y herencia, pero no saben ni pueden defenderse de las enfermedades humanas que, transportadas a Marte por nosotros en cohetes, acaban diezmándolos hasta casi la extinción. Los colonos aparecen con nuevas ideas, costumbres y, sobre todo, tratando de implantar desde el principio los grandes males de nuestra civilización: el consumismo desbocado, el capitalismo como religión global, y una guerra, de carácter global,  que ha dejado la Tierra al borde de la destrucción total. No nos extraña, por tanto, ver en Marte puestos de perritos calientes, como metáfora de nuestra concepción de la felicidad, y de erradicación de la civilización aborigen, es decir, de toda la cultura marciana, como ampliación de nuestra ciega visión de la realidad que nos rodea. 
     En la mayoría de estos relatos, Bradbury parece sostener un gigantesco espejo donde se refleja un vergonzoso tratamiento de «El otro», tanto del aniquilado nativo marciano, como del aislado terrestre, ambos reflejados en un espejo de desolación y aislamiento. Aunque, como suele ocurrir en la mayoría de relatos de Bradbury, en Las crónicas marcianas también concluye dejando cierto lugar para la esperanza, para una hipotética renovación de la especie humana, cuando una familia de colonos humanos escapa de la muerte de la Tierra en busca de un nuevo futuro en Marte, quizá con un mayor respeto por los escasos marcianos que allí puedan estar esperándoles. Las crónicas marcianas es, sin ningún género de duda, una dura sátira del espíritu colonizador e imperialista de nuestra raza, de nuestra especie. Bradbury no critica ningún modelo ni sistema político ni tampoco la conquista o colonización del «Nuevo Mundo» marciano, simplemente explora con sus relatos las entrañas y los entresijos de un ser, el nuestro, llamado «humano», pero que es, en cambio, capaz de actuar con «El otro» del modo más cruento, despiadado, egoísta e «inhumano».




martes, 29 de septiembre de 2015

EL VINO DE DIENTE DE LEÓN: EL MÁGICO VERANO DE UN PUEBLO VERDE DESTILADO EN 1928

     ¿Podrías sentir nostalgia de un lugar en el que nunca has vivido?, ¿de un tiempo pasado muy anterior a tu nacimiento? No he tenido la suerte de vivir en el Waukegan, estado de Illinois, del verano de 1928, donde un chaval de 12 años llamado Douglas Spaulding (Ray Douglas Bradbury, hijo  de Leonard Spaulding Bradbury) evoca el mundo mágico y fantástico de un pueblecito perdido en el  corazón mismo del Midwest americano. 
     La novela rememora una visión idílica de una América del pasado todavía alejada de nuestra era tecnológica y científica y tal vez deshumanizada. De ahí que Douglas Spaulding llame a su pueblo «Green Town» (la ciudad verde), donde la gente puede andar tranquilamente por las calles a cualquier hora del día y de la noche —a diferencia de lo que sucede en su cuento «The Pedestrian» ('el peatón') en Los Angeles de los cincuenta—, las esposas y esposos pueden y saben aparcar sus diferencias, el amor es cíclico y también eterno, y la vida es, sobre todo, mágica. Estamos en una América donde los desafíos de estar vivos no son infranqueables, como tampoco es tan aterrador el espectro de la muerte, que puede ser «derrocada» con sólo tumbarse y aceptarla como algo natural, como hacen los niños que le dan nombre y la hacen protagonista de sus juegos por los soportales y las praderas del pueblo. 
   
Ray Bradbury en su Waukegan natal, a los 5 años de edad
 Esta novela o sucesión de relatos bien coordinados es muy consciente de sus raíces americanas, de la América más profunda, y de ahí que sepa recurrir a todos sus tropos. Lo mágico se convierte en mítico, reflejado en ese profundo optimismo de la América del ayer. La novela es una especie de carta de amor del autor a los jóvenes  de todo el mundo y muy en especial a los de hoy día, dependientes de internet y de los videojuegos, justo antes del posible colapso del poder de la imaginación nacida del olor y el tacto del papel escrito,  de las fragancias y colores de la tierra virgen y de las primaveras y otoños de nuestros sueños. 
     He perdido la inocencia como para creer que estos lugares y tiempos mágicos todavía existen; pero al menos estoy convencido de que el arte y la literatura sí pueden crearlos y recrearlos per saecula saeculorum: «¿Queréis ver la verdadera Máquina de la Felicidad?, ¿la que se patentó hace más de dos mil años? Todavía funciona, bueno, no todo el tiempo; pero funciona, y lleva aquí desde siempre».
      

¿Y qué harías tú si tuvieras una Happiness Machine? Bueno, tal vez deberíamos darle la vuelta a la pregunta: ¿Sabrías utilizarla?

Nota Bene: Dandelion Wine fue publicada como novela en 1957. Sin embargo, los relatos que la forman ya habían ido apareciendo periódicamente en diferentes revistas entre 1951 y 1956. 




lunes, 31 de agosto de 2015

I SING THE BODY ELECTRIC & OTHER STORIES: LA MENTE MESIÁNICA DE RAY BRADBURY

     La imaginación, la mente de Bradbury es un auténtico carnaval de las delicias y el terror que se expande desde el verdor mágico de su Green Town, pasando por el verdor esmeralda de Irlanda, hasta los más abisales y confines infinitos de la fría y misteriosa bóveda celeste. Todo su trabajo viene articulado por un mismo patrón: el reconocimiento del ser y la condición humana como mítica especie que resuena y reverbera por todo el firmamento físico e inmaterial, espacial y terrestre, mental y carnal. 
     Por ello, los personajes de Ray Bradbury pueden encontrarse en cualquier sitio del planeta o del cosmos, de nuestra consciencia o subconsciente, y también bajo cualquier disfraz. En esta colección de relatos nos encontraremos las más in-verosímiles posibilidades de la existencia humana: la madre que horrorizada da a luz a una extraña pirámide azul; el hombre que saca al mismísimo Abraham Lincoln de la tumba para devolverlo a nuestro mundo, aunque otro se ocupe de devolverlo al lecho de su eterno descanso con un tiro a bocajarro; el hombre que abandonado en un planeta lejano durante 60 años recibe una llamada telefónica del pasado; el mismo cuento que da título a la colección, "I Sing the Body Electric", sobre la sorprendente Abuela Eléctrica que reemplaza a la fallecida madre de una atribulada familia; el viejo loro que ha aprendido a imitar la voz del inconfundible Hemingway; el cura de Marte que puede enfrentarse a su último y más dulce sueño: el encuentro con el Mesías. 
     Todos y cada uno de estos 28 relatos pueden transmitirnos mucho acerca de nuestra esencia humana con un exquisito poema final a modo de Coda de este "im-predecible" viaje por las inescrutables rutas de nuestros miedos y locuras, pero también sueños y esperanzas, tal vez por ello el título mismo, "I sing the Body Electric", lo toma de un bellísimo poema de Walt Whitman en su célebre Leaves of Grass. Una muestra más de la poesía como ingrediente fantástico de la mente mesiánica de nuestro autor.
Fotograma del filme Twiglight Zone basado en I Sing the Body Electric, firmado por R. Bradbury y el reparto de actores

sábado, 25 de julio de 2015

"El VENDEDOR DE ZAPATOS NEGRO", 
UN MICRORRELATO SOCIAL



     Sabemos que Ray Bradbury era uno de los mejores fabuladores y constructores de cuentos o relatos, según se mire, de la literatura contemporánea. Hoy día, cuando surgen nuevas construcciones literarias con el prefijo denominador «micro» para designar fórmulas literarias «exprés», en el sentido de urgentes, inmediatas y brevísimas en todos los géneros, pero fundamentalmente en la narrativa y la poesía, con el microrrelato y el micropoema respectivamente,  es cuando debemos volver al maestro del cuento mágico, surrealista e intenso y rescatar, en la medida de lo posible, algunos de sus innumerables «microrrelatos» que por casualidades o causalidades del destino nunca han sido publicados. En esta ocasión, les invito a disfrutar "The Colored Shoe Man", rescatado por el profesor William Touponce en The New Ray Bradbury Review (número 3, 2012). Adviértase la estampa que ofrece del personaje, un fugaz y corriente vendedor de zapatos de los años veinte del pasado siglo.


   Allí estaba él de pie esperando el tranvía, cualquier tranvía, un tranvía de ningún color, hora o forma en particular, siempre y cuando llevara gente a cualquier sitio. Si el primer tranvía llevaba al oeste, lo cogería; si iba al este, seguro que lo cogería. Llevaba una enorme caja de lona tirada en la acera  junto a sus brillantes zapatos blancos y negros. Su cara era amable y serena, del color de la Coca-Cola. Sus cabellos parecían muelles blancos en su cabeza redonda. Unos guantes blancos cubrían sus delgadas manos y estaba canturreando. 
    Era un vendedor de zapatos. [La traducción es mía.]